Carmen ve el anuncio de una oferta de empleo
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Carmen está decepcionada porque menosprecian su esfuerzo y por cómo es tratada por sus compañeros.
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Han pasado un par de años. En el puesto de siempre Carmen se ha desempeñado sin ningún problema pero a la vez sin ningún reto que la hiciera superarse. Carmen se siente enojada con la sociedad que por ser mujer le hace creer que tienes menos posibilidades y capacidades laborales; y frustrada consigo misma por al creer en esos estereotipos habiendo dejado pasar la oportunidad de alcanzar su sueños laborales.



Un año después, Carmen se enfermó por exceso de trabajo, el estrés y la agresión emocional y tuvo que renunciar.

Muchas veces la sociedad en la que nos criamos nos hace pensar equivocadamente, como a Carmen, que las mujeres no son igual de inteligentes o capaces que los hombres, deben callar su voz y aceptar las condiciones que les impongan, aún cuando sean desiguales e injustas.



Aunque no fue fácil, Carmen se enfrentó a la cultura que imperaba en su departamento de trabajo, para que se le respetara como persona y como profesional.

Ella sabía que tenía los mismos deberes y derechos que sus compañeros, que se le debía calificar por su desempeño y no por su género.